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De sonrisas malinterpretadas y los Raveonnetes

Tu sonrisa hace que cada mañana sea especial; la manera en la que preguntaste por primera vez mi nombre y lo recordaste me hace regresar cada mañana a ese café sólo para sentir tu mirada mientras leo las noticias en mi teléfono.

Y cada mañana, después de que me sonríes trato de saludarte; sin embargo siempre te percibo tan ocupada que creo inoportuno hacerlo; así que decido entregarte subrepticiamente una nota; escribo en una pequeña hoja una propuesta para salir a caminar y ver la gente pasar por Reforma mientras platicamos de nuestras respectivas vidas. Doblo la hoja, la dejo junto a mi taza y salgo del lugar.

Tú como siempre, muestras interes en el desorden que dejo en la mesa y te acercas inmediatamente; me escondo tras la puerta para ver tu reacción al ver la nota; descubro tristemente que simplemente la tiras a la basura junto todo lo que está en la mesa y en ese momento mi cuerpo perdió toda su fuerza.

Decidí quedarme un poco más, observando cómo atendías a cada una de las personas que entraban y descubrí con tristeza que a todos les preguntabas por su nombre, a cada uno de ellos les sonreías y por cada uno de ellos te preocupabas por la manera en la que preferían su café.

Así que regresé y metí mi mano en el bote para recuperar la nota que te escribí cuando pensaba que te gustaba; saliste detrás del mostrador y me preguntaste si había extraviado algo. En ese momento te vi lleno de rabia y contesté: no, simplemente busco el amor en un bote de basura.

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