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Camino al infierno

Puedo calcular, sin problemas, tres metros exactos desde donde estoy, es la distancia a la que puedo reaccionar en caso de que alguien quiera hacerle algo a mi hija y que ella podrá correr si alguien me ataca. Siempre tiene un papel con teléfonos de emergencia en su bolsa que sabe que debe mostrar y sabe como gritar si algo le pasa.
Cuando viajamos y puedo dejarla jugar un poco más alejada de mí siento tranquilidad, pero también tristeza por vivir en un país que le niega a la infancia el derecho a jugar a sus jóvenes el derecho a estudiar y a todos el derecho a caminar.
La violencia nos ha quitado el derecho a vivir, a crecer y a ser personas que se desarrollan completamente. Hemos aprendido a vivir con miedo y eso nunca ha sido vivir.
¿Cómo aprenderán nuestros hijos a vivir?
No estoy seguro de querer ese futuro.

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No recuerdo bien el año, pero si uno los puntos parece ser que hablo de 1996.  Durante un gran periodo de ese año no salí de casa en una especie de cuarentena motivada por una depresión que no sabía que tenía y por mi descubrimiento de Geocities que me daba la oportunidad de pasármela escribiendo. Ese tiempo que pasé encerrado lo ocupé en escribir un poemario llamado el Vacío de la Juventud, buscando ser un homenaje a los Smashing Pumpkins pero que en realidad era un descarado plagio. El poemario era una opera rock para alguien que no tiene banda, así que en muchas partes había y se leían coros o dobles voces. En partes descaradamente copiaba a Tommy, Marillion, Pink Floyd, etc. Extrañanmente el poemario ganó un premio y el dinero lo gasté en discos.  Hoy, no se cuanto año después me descubro escribiendo un poemario de nuevo, no se si con depresión pero si con encierro y al igual que el interior son poemas que quieren ser canciones. Es una compilación de senc...