Podría intentar definir cada palabra que dices, encontrarle un significado y analizar tu lenguaje corporal para descubrir que es lo que, en realidad, quieres decir. Podría intentar buscar en tu cuerpo marcas que me hablen de tu vida y de tus días, que me cuenten una historia que estás callando. Podría seguir un guión de lo que espera que hagas y preocuparme si no lo actúo como debe hacerse. Podría escucharte hablar toda la noche e inventar una historia de algo que no paso. Podría hacer mil cosas, o simplemente podría recostarte en la cama y quitarte la ropa.
Ella me dijo que su vida era muy difícil y por demás complicada; le dije que no lo era, que en realidad su vida era como un juego de tenis. Nunca supe que quisieron decir mis palabras, pero ella me beso en la mejilla y se fue feliz
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