Ir al contenido principal

Paseando

Nos quedamos de ver en el parque, en la fuente donde solíamos tomar café y fumar a la menor provocación. Teníamos mucho sin vernos y la verdad hoy te ves bastante guapa, aunque nunca me gustaste; nos abrazamos y te sentaste a platicar, recordando que alguna vez fuimos amigos.


De repente la luz reflejo en tu ojo y el color que tomó fue muy interesante, en ese momento me di cuenta de cosas que no te había dicho y reaccione. Me levante, me puse frente a ti y golpeé tu cara; lo seguí haciendo hasta verte sangrar, parece que al primer puñetazo comprendiste que hay cosas en las que me podrías ayudar.


Y mientras te golpeaba pensé en todas las veces que pedí tu ayuda con palabras, con gestos, con gritos; directa e indirectamente y tu nunca estuviste dispuesta a ayudarme. Pedí tu ayuda con palabras y no la recibí, quizá pedirla con golpes sea mejor.

Y resulto, en ese momento comprendiste todas las cosas que debías haber hecho o dicho, en ese momento comprendiste que yo sólo necesitaba dos palabras y una acción, pero era demasiado tarde. Golpearte me hizo odiarte.


Y me despedí con la idea de no volverte a ver, aunque sabíamos que lo volveríamos a hacer, tenía que irme temprano a ver a un amigo que hacía mucho no veía. Troné los huesos de mis dedos, y fui decidido a verlo.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

La velocidad mata, pero la belleza dura para siempre

Las señales pasan frente a nosotros, y necios nos seguimos derecho. Es más divertido el barranco que el camino.

Caminata nocturna

Me dijeron alguna vez que cuando se quedaban asuntos pendientes en la tierra, la persona que moría se convertiría en un fantasma. Así que lo hice: decidí dar elementos para matarme y seguir aquí. Pero no puedo con ello, no puedo ser un fantasma, no puedo sólo verte pasar y saber que no me verás, que no me tocarás y que no sabrás de mi existencia ahí. No puedo ser un fantasma, pero es demasiado tarde, te hice disparar las balas.

1839

Ella me dijo que su vida era muy difícil y por demás complicada; le dije que no lo era, que en realidad su vida era como un juego de tenis. Nunca supe que quisieron decir mis palabras, pero ella me beso en la mejilla y se fue feliz