Me escribió que moría de ganas de volver a verme, el ego se me llenó y por una vez me sentí importante; le contesté diciendole una fecha y lugar. Cuando llegué, con toda la autoestima y mi espirítu conquistador hasta arriba, me di cuenta de que se había quedado ciega.
Ella me dijo que su vida era muy difícil y por demás complicada; le dije que no lo era, que en realidad su vida era como un juego de tenis. Nunca supe que quisieron decir mis palabras, pero ella me beso en la mejilla y se fue feliz
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