10/09/2011

De sonrisas malinterpretadas y los Raveonnetes

Tu sonrisa hace que cada mañana sea especial; la manera en la que preguntaste por primera vez mi nombre y lo recordaste me hace regresar cada mañana a ese café sólo para sentir tu mirada mientras leo las noticias en mi teléfono.

Y cada mañana, después de que me sonríes trato de saludarte; sin embargo siempre te percibo tan ocupada que creo inoportuno hacerlo; así que decido entregarte subrepticiamente una nota; escribo en una pequeña hoja una propuesta para salir a caminar y ver la gente pasar por Reforma mientras platicamos de nuestras respectivas vidas. Doblo la hoja, la dejo junto a mi taza y salgo del lugar.

Tú como siempre, muestras interes en el desorden que dejo en la mesa y te acercas inmediatamente; me escondo tras la puerta para ver tu reacción al ver la nota; descubro tristemente que simplemente la tiras a la basura junto todo lo que está en la mesa y en ese momento mi cuerpo perdió toda su fuerza.

Decidí quedarme un poco más, observando cómo atendías a cada una de las personas que entraban y descubrí con tristeza que a todos les preguntabas por su nombre, a cada uno de ellos les sonreías y por cada uno de ellos te preocupabas por la manera en la que preferían su café.

Así que regresé y metí mi mano en el bote para recuperar la nota que te escribí cuando pensaba que te gustaba; saliste detrás del mostrador y me preguntaste si había extraviado algo. En ese momento te vi lleno de rabia y contesté: no, simplemente busco el amor en un bote de basura.

9/04/2011

De proteger, apartarse y los Planetas

Solía estar contigo cada vez que me necesitabas y eso me gustaba; me hacía sentirme útil y pensar que podría salvarte de muchas cosas: incluso de ti misma. Solía platicar contigo y al escucharte dejar escapar un consejo, alguna canción, película o algo que simplemente no sabías, me veías admirada y hasta cierto punto sabía que me veías como si yo fuera un maestro o alguien que podía ayudarte a sobrellevar la vida.

Siempre me gustó esa parte de nuestra relación; sin embargo en muchas ocasiones sentía que mi presencia te hizo entrar en una zona de comfort que te evitaba enfrentar tu vida como debías hacerlo, mi protección comenzó a estorbarte y solías evitar las situaciones de conflicto en tu vida.

Intenté dejar de causarte ese daño y me portaba muy impersonal, traté de hacerte tomar tus decisiones dejando de ayudarte y eso fue algo que nunca me perdonaste.


Fue así que comencé a desgastarme; no me cansaba ayudarte, pero me causo conflicto pensar que dependías de mí más de lo necesario; no quería estar contigo pues sabía que me veías como una droga, como un escape de la realidad y yo siempre estuve dispuesto a ser tu droga favorita; pero me sentía culpable por ser una adicción más que una distracción.

Por eso fue que un día me marché dejándote con tu personal síndrome de abstinencia; fue una rehabilitación forzada en la que la droga abandonó al usuario; creíste que sin mi no podías vivir y buscaste maneras de sustituirme o destruirme.

Yo te observaba callado; después de esos primeros días; comenzaste a crecer y a demostrar que podías vivir sin mí, lo que me llenaba de satisfacción. Ahora simplemente me recuerdas como el tipo que solía hacerte creer que el amor era algo de fiar.


Y mientras tu construías una vida sin mí; yo me dediqué al nihilismo por completo; tal como me recuerdas: aislado, sin preocupación por el futuro y con muy marcadas etapas maniaco depresivas. No nos hemos visto desde hace años y puedo decir que no te he extrañado; sin embargo alguna vez que te vi de lejos; caminando con una felicidad contagiosa, no pude evitar pensar en la Canción para ligar de Los Planetas.



8/31/2011

De canciones regaladas, felicidad engañosa y Blur.

Puedo recordar el momento en que te conocí, no así la primera vez que te vi, por alguna razón en una pista de baile decidí que estaba enamorado de ti y comencé un torpe cortejo que parecía más bien una plática egocéntrica. Tu mirada por otro lado, me hacía ver que aceptabas el hecho de que estuviera enamorándome de ti; aunque al mismo tiempo me hacía saber que no tenía la más absoluta razón para creerlo.

Comencé a llamarte seguido e invitarte a fiestas, bares y bailes, confieso que tu risa me atrapo y tu manera frenetica de bailar me hizo pensar que existía cierta química entre nosotros y tu mirada me hacía notar que sabías que estaba enamorado; en esa época me dio por pensar mucho en ti y en relacionarte con canciones, muchas de ellas las he dejado así: relacionadas contigo.




Después de una larga serie de salidas; simplemente dejamos de vernos cada que había razones para bailar, fue duro acostumbrarme a pasar algún fin de semana sin verte; pero ese tiempo nos permitió a los dos decidir confesarnos algo: Tú me dijiste que desde hace años tenías novio y que no querías que yo fuera a pensar que lo dejarías por mí a lo que yo sólo te contesté "no te preocupes, no me enamoré de ti, simplemente me conociste en una etapa de mi vida en que era estupidamente feliz".

La cara de los dos en el momento en que bailábamos fue de comprensión; sin embargo al despedirnos yo noté tu desencanto al descubrir que ese baile no era más que una expresión de mi felicidad y no un coqueteo descarado y yo puedo jurar que mi cara reflejó que sabía que mi existencia era incomoda para tu relación de pareja.


Al caminar, cada quien por su lado comencé a tararear Not Groovy Man; en realidad quería saber que pensabas en mí, que el baile no terminaría y que las fiestas no acabarían, pero ambos sabíamos que ese baile sería el último y que las próximas veces que nos viéramos las palabras que dijimos pesarían tanto que seríamos simplemente dos amigos que se reúnen a tomar un café para ponerse al corriente de sus vidas en esos meses que no nos vimos. Tuve ganas de pedirte que regresarás las canciones que te di.




Hoy, después de más de seis meses de que nos vimos por última vez, me llamas disculpándote por no haber podido verme antes y que tienes ganas de que nos veamos; te invito a uno de esos bares a donde solíamos ir a bailar y me contestas lo que tanto temía: "mejor vamos a un café para poder platicar más a gusto", esas palabras me hicieron darme cuenta de que ambos seguíamos siendo estúpidamente felices, pero que tu habías decidido evitar que nuestra felicidad te confundiera.

Te esperé en el café, cuando venías caminando por la esquina, sólo una canción cruzó por mi cabeza.



7/27/2011

De relaciones, caminadoras, Belle y Sebastian y Sonic Youth

Simplemente me senté en medio de la fiesta y observé a las parejas que estaban ahí y a construir historias que me pudieran definir qué es una relación.

Primera:

Ellos habían vivido infatuándose constantemente; siempre fue obvio que se gustaban; sin embargo en toda su historia nunca habían podido pasar de algunos besos furtivos en bares baratos y sexo en asientos traseros de coches compactos. Sin embargo, los dos sabían que pudieron haber sido muy buena pareja, simplemente las circunstancias temporales y de noviazgos necios no lo permitieron.

Un buen día, él decidió que esa relación de infatuamiento no funcionaría y se dedicó a un noviazgo largo que culmino con la mudanza de su novia a su casa. Se ven constantemente y juran ser amigos, pero cada vez que están juntos; la historia que nunca pudieron concluir aflora en miradas y en la incomodidad de sus parejas actuales; me parece que él niega que alguna vez hayan tenido esa historia en común y ella espera, que de manera furtiva, se repita.



Segunda:

Ella juraba que morirían juntos e hizo todo lo posible por que así fuera; él, por su parte nunca quiso aceptar que hacía muy buena pareja. El tiempo pasó y ella hace lo posible por obtener una mirada mientras él nunca intenta ir más allá de una plática acerca de la canción que está sonando.

El está consciente de que ella lo quiere, ella lo duda y nunca han podido tener un acercamiento mayor al que da una plática casual, situación que se repite varios días a la semana, en esas pláticas ella deja ver sus sentimientos mientras que el oculta los suyos; pues lo que ella no sabe es que él moriría por ella, simplemente no quiere.



Tercera:

Él muere por ella, la ve caminar y queda anonadado, a ella le gustaría que el la invitará a tener sexo sin compromiso, él lo percibe y no se atreve a decirle que sin ella se siente como Linus sin su manta y que por primera vez en su vida está en busca de una relación romántica.

Constantemente los veo juntos y en la cara de ella se ve el deseo mientras en la de él se ve el cariño, simplemente nunca ninguno de los dos dirá nada.






Conclusión:

Después de observar a estas parejas, la única definición que encontré fue: hay relaciones que son como correr en caminadora, puedes controlar la intensidad y esforzarte hasta tu limite, pero todo el tiempo sabes que no llegaras a ningún lado.


7/19/2011

De pláticas y el Viejo Dylan

Nos sentamos a platicar, tranquilos con café en la mano y simplemente haciendo carspotting, habíamos adaptado ese término de la película Trainspotting y lo usábamos para cada vez que decidíamos sentarnos en algunas escaleras, una banca del parque o en algún café que diera a avenidas transitadas.

Comenzamos a hablar acerca de que la plática te da el verdadero enamoramiento hacía las personas, pues después de pasar el encantamiento físico lo único que queda es eso: la plática y sus diferentes caminos. Fue así que comenzamos a hablar de Bob Dylan.

Decíamos que podíamos conocer a una persona al saber su disco favorito de Dylan y que era mucho más acertado que cualquier entrevista, aseveramos que las personas conservadoras se quedarían con The Freewheeling mientras que alguien que prefería el autodescubrimiento se iría por el Modern Times; hablamos de las diferentes etapas del enamoramiento a través del Nashville Skyline, el Blood on the Tracks y el Time out of Mind. Yo te dije que además de ese tema, podías darte cuenta del significado que una persona tiene para ti por la canción que, durante su plática, viene a tu mente.

Continuamos haciendo carspotting y cambiábamos de tema a tema; fue entonces cuando comenzaste a platicar acerca de planes a futuro, de tu miedo a la soledad y de cómo esos pequeños momentos en que, tomando café conmigo, te sentías segura. Yo simplemente enmudecí al darme cuenta en tu voz que deseabas que en ese momento yo pensara en Make You Feel My Love, mientras, con toda la tristeza del mundo, notaba que mi pensamiento estaba en It Ain’t me Babe. Terminamos el café y caminamos, por primera vez los dos permanecimos callados.






7/12/2011

De bailes, los Bitles y covers a Cohen

La vida no eres tú, dijiste mientras yo tomaba un poco más de vino y ponía I Will de los Beatles, una canción corta que exige escucharse una y otra vez para comprender la grandeza de su letra tan simple. Vi que tu mirada estaba más atenta a mi reacción que al Jenga que jugábamos. Simplemente volteé a verte y tarareé "Will I wait a lonely lifetime?, if You want me to I will. Tu mirada reflejó incertidumbre y guardaste silencio intentado descifrar si había querido decirte algo con esa línea. La noche había iniciado con un poco de Jenga y vino tinto; cuando yo te dije lo tanto que disfrutaba estar contigo fue que dijiste tu frase.


La vida no eres tú, volviste a decir enfatizando tus palabras, desesperada porqué yo comencé a hablar  del concierto de Kashmir en el que, bailando Melpomene nos habíamos conocido y en el que habíamos iniciado una serie de bailes juntos: en conciertos, fiestas o caminando por la calle. Comprendí que te desesperaba mi falta de respuesta, así que contesté: lo sé, la vida tampoco eres tú ni la vida es contigo. Quedaste callada un rato y después sonreíste al darte cuenta de que entendí lo que querías decirme.

La vida no eres tú ni yo ni contigo ni juntos: yo no tenía ganas de tener una relación y tu no tenías ganas de  tenerla conmigo. Nos habíamos visto muy pocas veces y las disfrutamos y bailamos tanto que era fácil confundir las cosas e intentar algo que estuviera marcado por la temporalidad de un romance, yo era feliz con la eternidad de ser cómplices.

Canté un pedazo de la canción: "Love You Whenever we are together, love You when whe are apart", en ese momento repetí: la vida no eres tú ni es contigo, la vida son los pequeños momentos que pasamos juntos, la vida es cuando bailamos; Te paraste y tomaste el Ipod para poner la versión de The Civil Wars de Dance to the End of Love de Leonard Cohen y tomaste mi mano para comenzar a bailar.




 Percibiste mi miedo, un poco de tristeza e incertidumbre pues no sabía como reaccionarias ante mis palabras y fue entonces cuando me hiciste bailar a través del pánico hasta que me sentí seguro. Yo sentí que temías que  me alejara de ti al darme cuenta de que ninguno de nosotros era la vida; ambos queríamos seguir bailando juntos durante mucho tiempo en esporádicas o continuas ocasiones, entonces simplemente te hice bailar muy tiernamente.

Y en ese momento, junto con  las voces que la banda entrelazaba melódicamente, bailamos mientras ante nosotros pasaba el beso que nunca llegaría. Bailamos hasta el final del amor que ahora conocíamos. Te despediste, y al salir pude ver que me dejabas ver tu belleza, ahora que los testigos se habían ido.

7/10/2011

Burros, ojos sin cara, y musicales.

Nunca pude distinguir tu cara; sin embargo, sentía perfectamente tu mirada fija en mí y en una ocasión pude distinguir tus ojos que parecían contar una historia que nos incluía a los dos, y por alguna razón imagine que esa historia que pensabas sería un musical.

Estaba en la Burrería, tirando cacahuates al piso con un grupo de amigos; poco a poco el lugar se había convertido en uno de mis favoritos y parte de eso había sido la rockola, la única a la que le perdonaba a Billy Idol y Eyes Without a Face que no puedo escuchar en otro lugar.

La canción tomó relevancia al imaginarte pensando en el musical en que tus ojos no dejaban de verme; yo simplemente tomaba mi cerveza y reía mientras mi baile comenzaba con Billy Idol, pasaba por Queen y culminaba con Joy Division, mis amigos juraban que estaba bailando para que me vieras y te acercaras, pero no era así.

Yo bailaba por que estaba enamorado, estaba contento y solo; tenía un episodio maníaco que suelo confundir muy sencillamente con la felicidad; así como alguna vez había confundido una mirada con un coqueteo. Había confundido disfrute con amor  y había confundido mis historias imaginarias con la realidad.


















Mientras Billy Idol se quejaba de la chica que solía amar y que le llamaba por teléfono yo usaba la canción para enmarcar tu cara de la que sólo podía enfocar tus ojos e insertar la canción en el musical que según yo tú imaginabas; no tenía ganas de indagar en tu cara o sonreírte; estaba abúlico y feliz.

Mis amigos decían de que tanto eras mi tipo, de como tu coqueteo era continuo y de la manera en la que te sabías las canciones que yo cantaba, me animaban a que te hablara y culminara lo que podría ser un buen one night stand, pero nunca pudieron sacarme de mi baile y ensimismamiento.


Yo ignoraba al mundo en ese momento, estaba más ocupado haciendo que mi baile quitara todas las cáscaras de cacahuate del piso de la burrería y pensando en mi propio musical que había comenzado con Curtis  y había terminado con Funny Litlle Frog la canción triste más alegre que había escuchado: no sabía si el sentimiento era cierto, pero esa tonada como final me hacía feliz.
 

















Regresaré la próxima semana y buscaré la cara que enmarca tus ojos: quizá podríamos iniciar otro musical; sin embargo, ahora debo disfrutar este final.

6/27/2011

Leo Dan, billar y llamadas perdidas.

La leyenda cuenta que José Emilio Pacheco solía ir a jugar a este billar ubicado en la calle de Medellín entre Chiapas y San Luis Potosí. En realidad llegar ahí para mí fue más por una necesidad de salir del encierro que el estar en una oficina representa; más allá de intentos de revivir una leyenda o de visitar lugares comunes.


Un lugar no existe sin sus visitantes, y en el caso del Billaroma ellos parecían que estaban ahí desde el momento en que el lugar abrió sus puertas o incluso antes, en algunos momentos me pareció que estaban con su caja de dominó, simplemente esperando a que abriera para iniciar ese juego que a mi parecer es eterno.


Las mesas de billar estaban prácticamente vacías fuera de la que ocupamos mi amigo y yo; parecía que siempre había sido y sería así. No así las mesas de dominó que estaban llenas por las personas de las que ya escribí. La nostalgia comenzó a invadirme en cuanto seleccionaron canciones de Leo Dan por el sistema de sonido y no porque haya vivido esa época, sino porque en ese momento mi estado de ánimo era propicio para la nostalgia.


Leo Dan platicaba acerca de cómo las distancia por el teléfono había vuelto a él y a la chica en cuestión en dos extraños; que de vez en cuando se preocupaban el uno por el otro y de quién no sabía mucho. Era un poco de bipolaridad en la letra, pues al mismo tiempo que le juraba amor eterno, tenía que aceptar que ella no lo percibía de esa manera y que para ella sólo era cuestión de no contestar el teléfono y de esa manera se evitaba el compartir una vida con él.


Obviamente, con eso en mente mi juego de billar, de por si mediocre, disminuyo mucho. No podía dejar de pensar en los señores que atestaban el Billaroma sin cruzar palabra contando puntos en fichas, ni en Leo Dan y mucho menos en esa llamada que por la tarde hice y seguramente se mostraría como una llamada perdida en un teléfono celular.




Leo Dan: Como poder saber si te amo.